PREMIO “ELVIA CARRILLO PUERTO” A ROSARIO MARÍN
Adriana Dávila Fernández
El pasado 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la Mujer y se entregó el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto” en el Senado de la República, distinción al trabajo de una mujer en favor de los derechos humanos.
Elvia Carrillo, mexicana excepcional nacida en Yucatán en el siglo XIX, primera candidata de izquierda electa al congreso yucateco en 1923, fue ejemplo de lucha ante la adversidad; ante lo injusto; por la equidad de
género; por los derechos humanos y políticos de las mujeres.
Luchó para que los esclavos mayas fueran liberados y para que las mujeres campesinas se emanciparan, su interés se centró en que la ley reconociera y garantizara el derecho de las mujeres jefas de familia en la distribución
de las tierras, tal y como se hacía para los hombres.
Muere en 1967, y desde entonces se le reconoce como revolucionaria socialista y feminista que luchó durante toda su vida por los derechos de la mujer, de las indígenas, de las campesinas mayas y por miles de obreras
mexicanas.
La reseña de su vida la ha hecho un ejemplo de lucha por y para las mujeres.
Por eso, el galardón que lleva su nombre y que en este año se asignó a Rosario Marín, primera mexicana en ocupar el puesto de tesorera en los Estados Unidos, la número 41 en la administración americana, y fue dos
veces alcaldesa del ayuntamiento en el condado donde residió.
Su infancia fue difícil y junto con su familia, en busca de mejores oportunidades de vida, emigró a los Estados Unidos. Abanderó causas comunitarias en beneficio de muchas personas, de mujeres que esperaban
equidad en su trato y en el respeto a sus vidas.
Pero su labor no sólo se circunscribe al terreno de la cuestión de género, sino también en lo referente al tema de los migrantes, de las personas con discapacidad, de los indígenas, de la protección al medio ambiente.
Creó programas muy concretos para facilitar el envío de remesas de los migrantes a sus países de origen; asesoró y dio su constante apoyo a personas con algún tipo de discapacidad, para que sus derechos fueran
reconocidos y se les den más oportunidades en una sociedad que sea más incluyente, justa y equitativa.
Su trabajo ha contribuido al desarrollo social y al respeto a los derechos humanos de mujeres y hombres por igual.
El reconocimiento a la trayectoria de esta mujer mexicana debe llevarnos a momentos de reflexión sobre la visión de bien común que debemos tener todas y todos los mexicanos.
Es de reconocer que Rosario recibió este premio a nombre de muchas mujeres, en sus palabras, “Se lo entrego a las mujeres de las clases populares en donde están mis orígenes, aquellas que no se arredran, ni
declinan ante los desafíos y las dificultades que la vida les impone, incluso muchas veces desde el inicio de sus vidas, y no escatiman sus esfuerzos, luchas y energías por una superación personal, por ser buenas madres,
hijas, hermanas, esposas y trabajadores, por el bienestar de sus hogares y por la construcción de una mejor sociedad… Pero también, y muy especialmente, quiero recordar a tantas mujeres que han sido y hoy siguen
siendo víctimas de todo tipo de violencia, de discriminación, de delincuencia y de sometimiento aquí en México y en el mundo”.
Pero más aún, es una mujer valiente que optó por defender a nuestros connacionales y dar respuesta a los desatinos del precandidato presidencial del Partido Republicano, Donald Trump: “…no puedo dejar de
referir que en esta sesión solemne se efectúa cuando en el horizonte de Estados Unidos se levanta la amenaza funesta de un supuesto liderazgo portador de las más repudiables conductas populistas que haya conocido
la humanidad… Y por lo mismo es un riesgo que exige la atención y la unidad de las mujeres y de los hombres de buena fe de nuestros países para denunciar y detener las ambiciones de un sujeto despreciable.
Audacia, determinación y valor para enfrentar al que se piensa “poderoso”.
Ejemplo de lucha incansable, apasionada de sus tareas, defensora de los derechos fundamentales, en particular de los más vulnerables. Historia ejemplar que servirá de estímulo a muchas mujeres.
Lo he mencionado en distintos foros, la labor por las mujeres mexicanas aún no termina.
Tenemos que extremar y reforzar acciones que cada vez más les abran oportunidades de desarrollo personal y profesional en este país, en cada rincón de esta República Mexicana para que no tengan que salir y
exponerse a actos de abuso y de delincuencia.
Desde cada trinchera este debe ser el objetivo obligado de quienes estamos en posibilidad de diseñar e impulsar políticas públicas transversales, a favor de las mujeres y de todos los ciudadanos en general.
Desde este espacio mi reconocimiento a una mujer de valor y lucha incansable, Mónica Arriola. Descanse en paz.



